Metamorfa: “Nuestra invitación no es a comprar más, sino a transformar lo que ya existe”

Conversamos con la creadora de una de las primeras tiendas colaborativas de upcycling textil de Chile, sobre economía circular textil, justicia socioambiental y el rol creativo de los barrios en Valparaíso.

Javiera López vive en Valparaíso hace una década. Llegó por estudios, se tituló de Ingeniera Ambiental y desde entonces ha articulado su vida desde el activismo ecológico. Creció en Quintero-Puchuncaví, una de las zonas de sacrificio más emblemáticas del país, donde el impacto de la industrialización se ve de inmediato en el paisaje. Ese origen marcó su mirada: entender el territorio desde los conflictos ambientales, la responsabilidad que tenemos como sujetos de consumo y la urgencia de actuar en un país donde cada persona consume, en promedio, 32 kilos de ropa al año. Desde esa conciencia surge Metamorfa, un espacio que combina oficio, creatividad y responsabilidad ambiental.

Hoy, Metamorfa funciona como tienda circular textil en el Mercado Puerto (local 11) y es considerada una de las primeras tiendas colaborativas de upcycling textil en Chile. Su trabajo se centra en tres líneas —reparación, transformación mediante upcycling y reciclaje en alianza con otras iniciativas— con un principio común: no comprar más, sino transformar lo que ya existe. El nombre del proyecto, inspirado en la metamorfosis, refleja esa idea de cambiar la forma, extender la vida útil de las prendas y repensar nuestros hábitos de consumo desde la creatividad y la comunidad.

– Para partir, cuéntanos de ti. ¿Quién es Javiera López y cómo nace el camino que desemboca en Metamorfa?

“Vivo en Valparaíso hace cerca de diez años. Llegué por motivos de estudio, me formé y titulé como Ingeniera Ambiental. Siempre me han interesado las temáticas ambientales y los activismos, entendernos como sujetos responsables de nuestra existencia, de lo que consumimos y de lo que desechamos.

Crecí en Quintero-Puchuncaví, donde se ve inmediatamente el efecto de la industrialización en el paisaje. Cuando me vine a Valparaíso noté algo distinto: acá no ves chimeneas, pero sí ves mucha basura. De todo tipo. Y dentro de esa basura, una fracción importante era ropa.

En paralelo, soy mamá y necesitaba una posibilidad laboral flexible: ir a dejar y buscar a mi hija, estudiar —seguí formándome hasta hace poco— y generar ingresos sin que muriera la parte creativa que todas las personas tenemos. Tenía una máquina de coser en la casa y, al mismo tiempo, esta inquietud por el impacto ambiental de los textiles. Así empecé: necesitaba trabajar, tenía la herramienta, y desde ahí se fue tejiendo el camino que hoy es Metamorfa.

Aprendí a coser en el proceso, desde lo más básico. No sabía poner un cierre, por ejemplo. Fue ensayo y error, practicar, desarmar, volver a intentar. También ha sido muy importante compartir con otras personas, aprender mutuamente oficios, miradas y formas de hacer”.

– ¿Cuándo se convierte esa inquietud personal en una empresa y proyecto con nombre propio?

“La idea empezó a tomar forma alrededor de 2019. Metamorfa como empresa nace entre 2020 y 2021. Llegué a este mundo con un pulso muy propio, desde todo lo que había observado en mi vida: las movilizaciones ambientales, la experiencia de crecer en una zona de sacrificio, la basura en la ciudad y, especialmente, la ropa como residuo voluminoso.

Tenemos muy presente la imagen de los cerros de ropa en el norte, en Alto Hospicio, pero a veces no vemos que acá también hay acumulaciones, puntos donde la ropa aparece desparramada. Valparaíso, además, recibe los residuos de 11 comunas en su relleno sanitario, entonces hay un tema fuerte con la basura en general.

En ese contexto, Metamorfa aparece como una forma concreta de hacerse cargo de una parte de ese problema, desde lo que yo podía hacer: la costura, la reutilización y la economía circular aplicada en el día a día”

– Metamorfa se define como una tienda circular textil. ¿Qué servicios ofrecen hoy y cómo funcionan esas tres líneas de trabajo?

“Hoy trabajamos con tres grandes líneas: reparaciones, transformaciones (upcycling) y reciclaje a través de alianzas.

La reparación se fue volviendo central con el tiempo. Al estar en el Mercado Puerto, inserta en un barrio, entendí que tener solo prendas de diseño upcycling no era una alternativa para todas las personas: hay códigos estéticos, pero también temas de presupuesto. Un pantalón upcycling puede costar 50 o 60 mil pesos, porque no parte de una tela nueva; hay que desarmar, rediseñar, invertir muchas horas de trabajo.

Entonces la reparación apareció como un servicio clave para acercar el vestir sostenible a la vida cotidiana del barrio. Una basta, un ajuste, cambiar un cierre: cada prenda reparada es una prenda menos comprada y una menos en la basura. Eso nos conectó mucho con vecinas y vecinos del Puerto y de los cerros aledaños.

Luego viene la transformación, que es lo que la mayoría asocia con Metamorfa: el upcycling. Invitamos a las personas a traer eso que ya no usan —un pantalón, cinco pantalones, una chaqueta, una prenda con valor emocional— y lo convertimos en algo nuevo. Co-diseñamos: podemos hacer una chaqueta con varios pantalones, un bolso, un accesorio, lo que tenga sentido para esa persona. Ahí se genera un vínculo muy lindo, porque no es solo consumir, es involucrarse en el proceso creativo.

Y la tercera línea es el reciclaje. Nosotros no reciclamos directamente, pero articulamos con otros proyectos especializados. Funcionamos como un pequeño centro de gestión textil: la gente trae ropa que no vamos a coser o transformar y, a través de nuestras alianzas, se va a reciclaje industrial, donde se tritura para convertirla en relleno u otros usos. En octubre, por ejemplo, salieron del taller 95 kilos de ropa hacia reciclaje”.

– ¿Cómo gestionan el flujo de ropa que llega? No todo se puede reutilizar de la misma forma…

“Trabajamos con la idea de la pirámide de jerarquización de residuos: primero reducimos, luego reutilizamos y al final reciclamos.

Primero intentamos reparar lo que se puede. Después, transformar: ya sea con diseño propio o con las ideas que trae la persona. Y recién como última opción está el reciclaje, que, como decía, hacemos a través de otras organizaciones.

La gente trae de todo: prendas que todavía se pueden usar y otras que ya solo sirven como materia para triturar. Lo importante es ser honestas con lo que sí podemos hacer aquí. No todo se puede convertir en una prenda nueva, pero casi todo puede tener un mejor destino que el basurero”.

– Metamorfa también es un espacio colaborativo. ¿Quiénes participan hoy y cómo funciona esa dimensión colectiva?

“Aunque yo fundé y dirijo el proyecto, Metamorfa no es un espacio individual. Es una tienda–taller colaborativa donde participan otras marcas y personas creadoras.

Está, por ejemplo, Paola con su marca Disperchas; la Mané de Las creaciones de Mané, que hace pieceras y collages textiles a mano —un trabajo hermoso— ;y Coni de Coni Costuras, que está innovando en ropa, toallas higiénicas reutilizables, bordados en textil y piezas revalorizadas. En distintos momentos han pasado otras personas, siempre sumando su mirada.

Además, el espacio está abierto a prácticas profesionales: vienen estudiantes de la Universidad de Valparaíso (diseño), del Duoc (diseño de vestuario) y del Liceo Técnico de Valparaíso con el que tenemos una alianza. Aquí aprenden, crean, proponen, se equivocan, corrigen. Es un laboratorio humano y creativo.

Algo importante es que muchas de las personas que hemos pasado por acá somos personas cuidadoras: de hijes, de abuelos. Entonces el espacio se ha construido pensando también en esa realidad, en apoyarnos mutuamente para poder sostener la vida y el trabajo”.

– ¿Cuál ha sido el mayor desafío para Metamorfa en estos años?

“Creo que el desafío más grande ha sido adaptarse sin perder el foco. Cuando llegué al Mercado Puerto, al poco tiempo vino la pandemia y cambió todo: dejó de ser importante vestirse según ciertos cánones estéticos, la prioridad era estar cómoda en la casa. Entonces hubo que ajustar lo que ofrecíamos para seguir siendo vigentes y útiles.

Aprender a reparar fue un desafío técnico y simbólico. Cambiar un cierre en una prenda ya confeccionada no es fácil; es muy distinto a coser en una tela plana. Pero había que insistir, intentarlo hasta que resultara, muchas veces. Esa constancia ha sido clave.

Y junto con eso, habitar un espacio abierto al barrio. Aquí la gente entra, se asoma, se sienta a conversar. No es solo un lugar comercial, es un lugar donde circulan historias. Mantener esa dimensión comunitaria, mientras se sostiene un proyecto económicamente viable, es un equilibrio delicado.

Todo esto sin perder de vista el objetivo principal: disminuir el residuo textil. Cómo lo hacemos ha tenido idas y vueltas, y en eso el nombre Metamorfa le calza perfecto al proyecto: hemos tenido que cambiar de forma varias veces”.

– En varios momentos hablas de justicia socioambiental y de autonomía del vestuario. ¿Qué significan para ti esos conceptos?

“Para mí la autonomía del vestuario tiene que ver con que cada persona pueda hacerse más responsable y consciente de cómo se viste: saber reparar un cierre, ajustar una prenda, transformar lo que ya tiene. En la medida en que nos volvemos más autónomos, dejamos de depender tanto de la gran empresa para cubrir una necesidad básica.

Vestirse es un derecho, no un lujo. Sin embargo, muchas veces lo sostenible se ha reservado para quienes pueden pagar precios altos. Y eso para mí no tiene sentido. Lo justo es que la sostenibilidad sea accesible para la misma gente de la que formamos parte: las personas de a pie, las del barrio, las que trabajamos todos los días.

También hay algo de justicia socioambiental en esto: no podemos reservar las alternativas de menor impacto solo para quienes tienen poder adquisitivo, mientras la mayoría sigue atrapada entre la ropa barata y las peores condiciones laborales y ambientales que la sostienen. Metamorfa, en pequeña escala, trata de buscar otras opciones, de acercar la reparación, la transformación y la reutilización a más personas”.

– Para dimensionar el problema: ¿qué sabemos hoy sobre las cifras del residuo textil en Chile?

“En agosto del año pasado salió una guía con un diagnóstico sobre el estado del residuo textil en Chile. Ahí se indica que, en promedio, cada persona consume 32 kilos de ropa al año. Una puede pensar “yo no compro 32 kilos”, pero eso significa que hay otra persona que está comprando lo que nosotras no.

Ese mismo informe señala que actualmente se valoriza menos del 1% de esos residuos textiles. ¿Dónde va todo lo demás? Se acumula, se va a los rellenos sanitarios, se exporta como residuo. Y estamos en una región donde el relleno sanitario tiene fecha de tope para 2027. Es una situación compleja.

En Metamorfa llevamos nuestros propios registros, porque como proyecto de economía circular también nos interesa generar datos. Hasta ahora hemos realizado 3.117 reparaciones. Solo en un mes, por ejemplo, enviamos 95 kilos de ropa a reciclaje industrial y reparamos alrededor de 80 kilos. A veces llega una sola persona con seis kilos para reparar. Todo eso lo contabilizamos tanto por unidades como por peso.

Son cifras altas para un espacio pequeño. Y al mismo tiempo, muestran que hay un montón de recursos y de trabajo humano involucrado en cada prenda como para que se vuelva desechable tan rápido. Nos parece poco digno, por decirlo suave.

Hoy, con la integración de los textiles a la Ley REP como un producto prioritario, estamos avanzando en las políticas que se están desarrollando para la economía circular”.

– Metamorfa está muy anclada en el Mercado Puerto y en las redes de economía circular textil. ¿Cómo ha sido construir desde ese territorio?

“Me gusta mucho habitar el Barrio Puerto porque es un lugar cargado de memoria: aquí se fundó Valparaíso, aquí estuvo la plaza de armas, la aduana; ha habido bombardeos, comercio, historia viva. Y desde acá también se puede pensar la memoria textil de Chile.

Hubo un tiempo —no tan lejano, años 60— en que la industria nacional sostenía el 97% del vestir del país. En casi todas las casas había una máquina de coser, siempre había alguien que sabía coser: la abuela, la tía, la vecina. Eso es parte de nuestra memoria colectiva. Hoy hemos externalizado todo eso a una industria global, y hemos perdido parte de esa capacidad.

Metamorfa se cruza con esa historia: es un lugar donde la gente viene a reparar, a transformar, a hacer talleres, donde circulan vecinas mayores acostumbradas a reparar su ropa y que extrañaban ese servicio, donde también llega gente de la calle, niñes, turistas que se llevan prendas a Francia, Suecia, Rusia o Estados Unidos.

Además, soy parte de la Red de Recuperación Textil (antes Upcycler Chile) y participo en espacios como el Comité de Servicios Creativos y el Comité Gestor de Turismo Creativo y Cultural vinculados a Valparaíso Creativo. Todo eso ayuda a que no se pierda de vista que estos proyectos están insertos en un territorio y que aportan a mantener los barrios vivos como barrios, no solo como zonas comerciales o turísticas”.

– Mirando hacia adelante, ¿cuáles son tus sueños para Metamorfa y para la circularidad textil?

“Un sueño tiene que ver con que todas las personas nos involucremos más en nuestras decisiones de consumo: reparar antes de comprar, transformar antes de desechar, preguntarnos de dónde viene y a dónde va lo que usamos. Que la autonomía del vestuario sea algo cotidiano, no una excepción.

También sueño con que se sigan fortaleciéndose las redes y políticas públicas en torno a la economía circular textil, que iniciativas como la Red de Recuperación Textil, la Fundación Textil Circular y tantas otras tengan el reconocimiento y el apoyo que corresponde, porque el trabajo que hacen es muy significativo.

Me interesa que Metamorfa siga siendo un espacio donde se combine oficio, cuidado, creatividad y datos, donde podamos decir: “mira, desde este rinconcito del Mercado Puerto logramos desviar esta cantidad de kilos de ropa del relleno sanitario”.

Y, sobre todo, que sea un lugar que nos recuerde que no somos eternas ni eternos, pero nuestras prendas sí pueden tener una vida mucho más larga que la que les damos ahora. Si logramos que ese tiempo de vida sea más coherente con el planeta que habitamos y con las generaciones que vienen, ya es un aporte”.

Instagram Metamorfa

Mercado Puerto Valparaíso (local 11)

Horario de atención: lunes a sábado de 10:00 a 18:00

Descarga aquí la GUÍA ILUSTRADA PARA CAMBIAR CIERRES

Entrevista por Valparaíso Creativo.

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