Impulsado por Espacio La Compañía y cofinanciado por Valparaíso Creativo, el proyecto desarrolló un catálogo piloto que identifica y documenta artefactos históricos de Valparaíso y Viña del Mar, rescatando su valor social, histórico y cultural.
En Valparaíso, la historia no solo vive en fachadas y cerros: también habita en mecanismos que todavía funcionan —o que esperan ser entendidos para volver a hacerlo—. Relojes de torre, ascensores, sistemas de iluminación o maquinarias que alguna vez marcaron el ritmo social del puerto son parte de lo que el proyecto Artefactos del Patrimonio busca identificar, documentar y poner en valor.
La iniciativa es impulsada por Espacio La Compañía —liderada por el arquitecto Rodrigo Puentes— y fue cofinanciada por Valparaíso Creativo, permitiendo conformar un equipo interdisciplinario que, en un tiempo récord, desarrolló un catálogo digital descargable, pensado para circular más allá de la academia y abrir rutas futuras para recorrer la ciudad desde sus “artefactos” cotidianos.
Conversamos con Angélica Pulgar, restauradora con más de doce años de experiencia en conservación, investigación y puesta en valor del patrimonio cultural. Su trabajo ha abordado proyectos que van desde la intervención directa de objetos hasta procesos de documentación y registro de daños en obras de arte. Además, se desempeña como docente en la carrera de Restauración de Bienes Patrimoniales en Valparaíso y Santiago, desarrollando también investigación vinculada al patrimonio cultural de la Región de Valparaíso.
—Angélica, ¿cómo surge la idea de hacer este catálogo?
“Esta es una idea que surge a partir de Rodrigo Puentes, que es arquitecto, presidente del Colegio de Arquitectos y también encargado de Espacio La Compañía. Es un profesional súper dedicado y motivado con la puesta en valor del patrimonio cultural. La idea surge de él, y cuando tuvo que empezar a ejecutarla o buscar financiamiento, lo empezamos a conversar y armamos el esqueleto de lo que podía llegar a ser.
Gracias al financiamiento de Valparaíso Creativo lo logramos. Contratamos y trabajamos con arquitectos, con una diseñadora, con un restaurador —que es un estudiante en práctica— y elaboramos el proyecto en un tiempo récord. El equipo empezó a funcionar tan bien y todos nos entusiasmamos tanto con la idea que logramos, en dos meses y medio, sacar adelante un proyecto de alta complejidad.
Y ha sido súper interesante porque cada artefacto es diferente al otro y cada uno conlleva una investigación particular: te lleva a un periodo histórico diferente, a un país, a una ciudad exportadora, a Valparaíso que importaba elementos. Se fue ampliando y diversificando el punto de investigación. Este proyecto, que parecía ser un simple catálogo, terminó siendo mucho más.”
—Para quienes no están familiarizados con el concepto: ¿qué son “artefactos del patrimonio”?
“Son elementos que idealmente están insertos dentro de un edificio o dentro de una ciudad, pero que tienen una función social y cotidiana para el correcto desarrollo de las actividades de las personas. Existen diferentes tipologías: un sistema de iluminación, un sistema sonoro o un sistema de medición del tiempo, como un reloj.
Por ejemplo, el reloj de la Torre de la Iglesia La Compañía está ubicado en altura y tiene una misión no solo de marcar la hora de los ritos religiosos, sino que en su momento marcaba la hora de la ciudad, de la sociedad: del transporte, de los trenes. Las campanas a cierta hora determinaban la hora del almuerzo o la hora en que salía el pan de la panadería.
Entonces, los artefactos del patrimonio tienen esa connotación: fueron útiles dentro del desarrollo social de una ciudad, particularmente Valparaíso y Viña del Mar. Y por el periodo de fabricación están muy relacionados con el auge económico de Valparaíso, con sus vínculos con Francia, Inglaterra, Estados Unidos, a principios del siglo XX, que permitían la importación de estos elementos.”




—¿Cómo fue el proceso de identificación y catalogación? ¿Cuántos artefactos lograron levantar?
“Lo primero que hicimos fue salir a caminar por Valparaíso y Viña a encontrar artefactos. Alberto —nuestro estudiante en práctica, muy dedicado— salió con esa misión: hagamos una lista general de todo lo que encontremos en iglesias, edificios civiles, privados, etcétera.
A partir de esa lista, logramos identificar alrededor de 70 artefactos en ambas ciudades, concentrados principalmente en Valparaíso. Y desde esos 70 empezamos a determinar tipologías para clasificarlos: el reloj es un artefacto, pero el ascensor también, y son tipologías diferentes porque tienen funciones distintas.
Como no podíamos hacer un catálogo con todos, lo pensamos como un catálogo piloto: seleccionamos 15 artefactos para documentarlos bien. Cada ficha incluye contexto histórico, planimetría, registro fotográfico, estado de conservación y propuesta de mantención. Es mucha información asociada a cada elemento.
Los criterios de selección fueron el acceso, la posibilidad de conseguir información, de medirlos y de trabajar en el tiempo acotado. No hay un artefacto ‘mejor’ que otro: fue una decisión práctica.”
—¿Qué hallazgos consideras importantes durante la investigación?
“Una de las cosas más motivantes era que no existía un catálogo de estas características. Y también, poner en valor estos artefactos porque muchos están vivos en su uso.
Por ejemplo, en ascensores de edificios privados hay un ascensorista todavía: abre, cierra, marca el piso. Hay un oficio asociado al uso. Y entender cómo esa persona se apropia del espacio, lo conoce perfecto, te cuenta la historia, te da el paseo… Ahí aparece el vínculo entre lo material y lo inmaterial: el funcionario, el usuario, le dan un valor agregado a un artefacto de más de 100 años que sigue en funcionamiento.
Y también es rico llegar a datos de época: en varios casos encontramos publicidad y catálogos de venta antiguos, con ilustraciones a mano, precios, direcciones del momento. Todo eso aporta a entender la dimensión cultural del objeto.”
—El catálogo será público. ¿Cómo se podrá acceder y qué espíritu tiene esta publicación?
“En primera instancia, el catálogo va a estar dentro de la página web de Valparaíso Creativo, como un documento PDF descargable. Cualquier persona lo va a poder descargar e imprimir, sin restricciones.
También discutimos cómo plantear los textos: no puede ser tan científico, ni técnico ni académico, porque nuestro público objetivo no es necesariamente la academia. Ojalá sea el mismo señor del ascensor o el que mantiene el reloj, o gente que se interese; incluso en lo educativo, que lo pueda leer y entender el valor que tiene.”
—¿Y qué proyección tiene este proyecto más allá del catálogo piloto?
“Como ya tenemos una base de datos de 70 artefactos, esto no es para cerrar el proyecto y olvidarlo. Al contrario: hay que seguir buscando financiamiento para completar, ojalá, estos 70.
Uno de los objetivos a largo plazo es establecer rutas: vincularnos con turismo o con oficinas estatales para, por ejemplo, hacer la ruta de los relojes y un mapa donde salgan los relojes de Valparaíso, y que eso sea parte de una ruta turística.
El alcance no es solo sentarse a leer: es caminar, recorrer, reconocer estos elementos dentro de la ciudad y ver cómo conviven con ella.”
—Para cerrar: ¿a quiénes te gustaría agradecer o qué te gustaría destacar de lo vivido en el proceso?
“Agradecer a quienes confiaron en nuestra idea. Al principio era difícil explicar ‘para qué sirve un catálogo’, y en el desarrollo fuimos entendiendo que el alcance es mucho mayor que solo un documento.
Y agradecer a las personas que nos abrieron las puertas: muchas veces no era el gerente del edificio, era el señor de la portería el que nos dejaba pasar, nos contaba historias, nos permitía llegar a otros espacios. Cuando te vinculas con la comunidad asociada al elemento que estás documentando o restaurando, el proyecto tiene un sentido mucho más profundo. Da motivación para seguir trabajando.
Lamentablemente yo no tomé los nombres de todas las personas, pero está pensado incluirlo en el catálogo para reconocer y agradecer el interés, la mantención y la información que nos han entregado.”
El catálogo estará disponible en la web www.valparaisocreativo.cl a partir del 23 de marzo.






