En el marco del 6º Seminario “Las Infancias Quieren Cine”, Chepo! Animación llegó a Valparaíso para compartir su experiencia en creación audiovisual comunitaria con infancias y juventudes, a través del taller “Historias animadas: aproximación pedagógica al cine animado en stop motion”, que se realizará el miércoles 14 de enero en el Parque Cultural de Valparaíso.
El seminario, organizado por la Corporación Cultural Ojo de Pescado, reúne a creadoras, mediadoras y gestoras culturales de Chile y otros países, con foco en la programación y mediación cinematográfica para la niñez desde un enfoque de derechos. En este contexto, la propuesta de Chepo! Animación dialoga directamente con los principios del encuentro: participación, expresión cultural y acceso al cine entendido como un derecho.
Desde 2017, el estudio fundado por Sofía Quirós (Argentina) y Daniel Canto Molina (Chile) ha desarrollado talleres de animación en stop motion en distintas localidades de Chile y Argentina, dando origen a más de 80 cortometrajes creados colectivamente por comunidades. Su trabajo cruza creación audiovisual, identidad territorial y procesos intergeneracionales, con un énfasis sostenido en el cine comunitario y la formación artística.
Conversamos con Sofía y Daniel sobre creación colectiva, stop motion, enfoque de derechos y los desafíos de sostener procesos audiovisuales comunitarios en el tiempo.


—En su trabajo, la creación colectiva aparece como un eje central. ¿Qué lugar ocupa la expresión de las infancias y juventudes en los procesos que desarrollan?
“Para nosotros es muy importante generar instancias creativas donde niñas, niños y jóvenes puedan expresarse y plasmar sus inquietudes, sus visiones sobre sus propios contextos y territorios, o incluso su relación con las expresiones patrimoniales del lugar que habitan. Buscamos que puedan manifestar sus deseos, necesidades, fantasías e imaginación.
En particular, en el proyecto que venimos desarrollando con infancias y adolescentes migrantes en Antofagasta, esto tiene que ver también con dar voz y espacio a niñas, niños y jóvenes que muchas veces quedan marginados de la vida cultural de la ciudad, con poco acceso a instancias de formación artística y atravesados por estigmatizaciones. En esos talleres proponemos un espacio donde puedan compartir parte de su cultura y su historia, y reconocerlas como algo valioso que nutre a la comunidad en su conjunto.”
—La animación en stop motion es el lenguaje que articula estos procesos. ¿Qué virtudes tiene esta técnica para trabajar cine con infancias?
“Creemos que la animación, y en particular el stop motion, es una técnica profundamente lúdica. Trabajar con ella implica un proceso artesanal paso a paso: escultura, construcción, observación y tiempo. En ese proceso, las y los participantes se van involucrando activamente con las historias que están contando.
Además, el stop motion permite poner en práctica la creatividad, el trabajo manual y la paciencia, y brinda la posibilidad de contar historias propias, representar el contexto que se habita o inventar universos completamente nuevos. No se trata solo del resultado final, sino de valorar el proceso completo de hacer cine.”
—En sus talleres aparece también un fuerte cruce entre memoria, territorio y generaciones. ¿Cómo se construyen esos procesos creativos?
“En muchos talleres, mientras se construyen los personajes o los escenarios, compartimos imágenes de referencia o fuentes históricas. En ocasiones también participan personas mayores, que relatan cómo eran ciertos personajes o contextos del territorio.
Esa información, que muchas veces las infancias no conocen, se transmite de manera muy orgánica y genera una experiencia de intercambio intergeneracional muy significativa. Ahí el cine se vuelve una excusa para conversar, compartir memorias y construir relatos colectivos.”


—Gran parte del trabajo que realizan se sostiene desde la autogestión. ¿Cuáles son hoy los principales desafíos para dar continuidad a estos proyectos comunitarios?
“La mayoría de los proyectos que desarrollamos se financian a través de fondos concursables. Eso permite concretar iniciativas diseñadas y soñadas desde la independencia creativa, pero también implica una gran inestabilidad: año a año no sabemos si los proyectos serán seleccionados, lo que pone en riesgo su continuidad.
Por ejemplo, en el caso del trabajo que realizamos con infancias y adolescentes migrantes en Antofagasta, este fue el primer año —después de tres consecutivos— en que no pudimos desarrollar la escuela de verano porque el proyecto no fue seleccionado. Esa intermitencia es difícil de sostener y creemos que sería fundamental contar con mecanismos que permitan dar continuidad a trabajos territoriales de largo plazo.”
—Desde esa experiencia, ¿cómo dialoga el cine comunitario con las políticas públicas culturales actuales?
“En la autogestión y la independencia existe siempre el riesgo de la precariedad. Hoy no existen políticas públicas que funcionen como soporte para la continuidad de este tipo de procesos en los territorios. Incluso en los fondos concursables, como los Fondart, no existe una línea específica dedicada al cine comunitario.
Para nosotros es muy relevante que este tipo de prácticas tenga reconocimiento dentro del audiovisual y las políticas culturales, porque creemos que el cine comunitario cumple un rol clave en la mediación artística, la participación cultural y el fortalecimiento de las identidades locales.”

Como extensión natural de su trabajo creativo, Sofía y Daniel también desarrollan el proyecto musical Las Flores, con el que realizan itinerancias y participan activamente en la escena musical de Antofagasta, Buenos Aires y Córdoba. Esta dimensión sonora dialoga directamente con el trabajo de Chepo! Animación, donde la música no opera como un mero acompañamiento, sino como un recurso narrativo central: en varios de sus cortometrajes han creado canciones y composiciones originales que refuerzan el vínculo emocional con las historias, los territorios y las comunidades que las inspiran.
*Entrevista realizada por Susana Barrientos, periodista de Valparaíso Creativo.



