Conversamos con Mahuzier Consultores sobre la importancia de estructurar ideas desde la planificación estratégica y financiera, a partir del desarrollo del modelo de negocio de Juguemos Valparaíso, iniciativa impulsada por Fundación Aprende con Ciencia y cofinanciada por Valparaíso Creativo.
En el ecosistema creativo, muchas de las iniciativas más valiosas nacen desde una intuición, una necesidad del territorio o una motivación social. Sin embargo, transformar esas ideas en proyectos sostenibles en el tiempo implica un paso clave que muchas veces se posterga: pensar el modelo de negocio.
En el marco del proyecto Juguemos Valparaíso —una guía educativa desarrollada por Fundación Aprende con Ciencia—, este proceso fue acompañado por Mahuzier Consultores, empresa especializada en gestión y desempeño organizacional, que trabaja apoyando a organizaciones a entender su situación estratégica, comercial y financiera para tomar mejores decisiones y maximizar su impacto.
A partir de esta experiencia, conversamos con su equipo sobre el rol que cumple un modelo de negocio en proyectos creativos, y por qué puede marcar la diferencia entre una buena idea y una iniciativa que logra perdurar.
Ordenar la idea: el primer paso para avanzar
Uno de los principales desafíos que observan desde Mahuzier es que muchas iniciativas cuentan con equipos comprometidos y propuestas valiosas, pero no siempre con las herramientas para estructurar su desarrollo.
“Cuando trabajamos con proyectos de innovación y desarrollo, nos encontramos frecuentemente con ideas muy valiosas y equipos comprometidos, pero que no siempre cuentan con el tiempo o la experiencia para ordenar y analizar su gestión y sus números”, explican.
En ese contexto, el rol de la consultoría es aportar claridad: construir proyecciones financieras, evaluar escenarios y diseñar sistemas de gestión que permitan entender el presente del proyecto y proyectar su futuro.
El modelo de negocio: una herramienta para proyectar
Lejos de ser un concepto exclusivo del mundo empresarial, el modelo de negocio es una herramienta clave para cualquier iniciativa que busque sostenerse en el tiempo, incluyendo proyectos culturales, educativos o sociales.
“Un modelo de negocio es el diseño que será implementado para que una iniciativa genere valor”, señalan desde Mahuzier. Esto implica proyectar ingresos y costos, y definir cuánto es necesario vender para financiar la operación de forma sostenible.
Este ejercicio permite anticipar problemas antes de que ocurran. Por ejemplo, detectar si los niveles de venta proyectados son insuficientes, o si no se están considerando costos clave como el marketing, fundamental para dar a conocer la iniciativa.
“Los números no mienten. Poder ver cómo funciona tu proyecto desde esa perspectiva te ayuda a tomar decisiones y hacer ajustes a bajo costo, antes de comenzar a operar”.
Creatividad y sostenibilidad: una relación complementaria
Uno de los prejuicios más comunes en el mundo creativo es que la planificación financiera puede limitar la creatividad. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario.
“Las ideas por sí solas no generan impacto. Lo que realmente transforma es la ejecución de los proyectos que nacen de ellas”, explican.
En ese sentido, el modelo de negocio no reemplaza la motivación o el propósito, sino que los complementa, entregando una base sólida para tomar decisiones informadas.
“Cuando tienes claridad sobre tus números, cada decisión deja de ser solo intuición y pasa a considerar también su impacto financiero. Eso no le quita alma al proyecto, le da sustento”.
¿Qué debe considerar un buen modelo de negocio?
Desde su experiencia, Mahuzier identifica cuatro elementos clave:
- Conocer en detalle los costos, incluyendo aquellos asociados a promoción y ventas.
- Evaluar la capacidad real de venta, en relación a los recursos disponibles.
- Incorporar gradualidad, entendiendo que los ingresos no llegan de inmediato.
- Definir correctamente el precio, especialmente en proyectos innovadores donde no existen referencias claras.
Este último punto es especialmente relevante en industrias creativas, donde el valor es muchas veces subjetivo. El modelo permite, al menos, establecer una combinación viable entre precio y volumen de ventas.
Primeros pasos para quienes están comenzando
Para quienes están desarrollando sus primeras ideas, el proceso puede parecer complejo. Sin embargo, el punto de partida es más simple de lo que parece.
El primer paso es hacerse preguntas básicas:
¿Qué queremos hacer? ¿Para quién? ¿Cómo lo vamos a hacer?
A partir de ahí, se recomienda estructurar el proyecto en etapas, definir actividades, identificar recursos y estimar costos —desde la inversión inicial hasta los gastos operativos—.
Luego, es fundamental pensar en los ingresos: qué se va a cobrar, a quién y de qué forma. Sin esa claridad, es difícil proyectar la sostenibilidad del proyecto.
Valparaíso: territorio fértil para la innovación creativa
El caso de Juguemos Valparaíso se inserta en un contexto particularmente favorable. La región cuenta con una fuerte identidad cultural, un patrimonio único y una comunidad creativa activa, lo que abre oportunidades para proyectos que integren educación, juego y territorio.
“Hay una demanda real por iniciativas que combinen aprendizaje, experiencia y pertenencia cultural. El desafío es atreverse a explorarlas de forma sistemática”.
Más allá de los números
Finalmente, desde Mahuzier destacan que la planificación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio del proyecto.
“Lo que más nos motiva es ver cómo el orden y la planificación no les quitan alma a las iniciativas, sino todo lo contrario: les dan las condiciones para crecer, perdurar y generar el impacto que se propusieron desde el inicio”.






