Bernardo Quesney y el videoclip como experiencia colectiva: crear desde la práctica y el territorio

El cineasta y realizador de videoclips —oriundo de San Felipe— reflexiona sobre el videoclip como lenguaje creativo, el valor de la práctica colaborativa y los aprendizajes surgidos en el Laboratorio de Videoclip impulsado por Quipu en la Región de Valparaíso.

Cineasta y director de un centenar de videoclips, Bernardo Quesney ha construido una trayectoria singular entre el cine y el lenguaje musical, trabajando con artistas como Gepe, Princesa Alba, Nicolás Jaar, Los Tres, Pablo Chill-E y Marcianeke, entre muchos otros. Nacido en San Felipe, en la Región de Valparaíso, su obra ha transitado entre el largometraje, el cortometraje y el videoclip, explorando cruces entre narrativa, experimentación y cultura local.

En el marco del Laboratorio de Creación de Videoclip, Bernardo Quesney llegó a la Región de Valparaíso para liderar un espacio intensivo de formación y creación audiovisual impulsado por Quipu Nodo Creativo, cofinanciado por Valparaíso Creativo y con el apoyo de la Universidad Viña del Mar. El taller, de carácter gratuito y mediante postulación abierta, convocó a cerca de 70 creadoras y creadores provenientes de distintos ámbitos —música, audiovisual, arte y publicidad—, de los cuales fue seleccionado un grupo diverso para participar en esta experiencia formativa.

Durante tres jornadas de trabajo práctico, las y los participantes desarrollaron colectivamente un videoclip junto a la cantante Mora Lucay, abordando de manera colaborativa las etapas de guion, puesta en escena, rodaje y decisiones estéticas. La propuesta del laboratorio puso el énfasis en el cruce entre música, imagen y territorio, privilegiando la experimentación, el trabajo colectivo y la creación desde los recursos disponibles, más que desde grandes presupuestos.

Conversamos con él sobre el enfoque pedagógico del laboratorio, el videoclip como lenguaje creativo y los desafíos de construir identidad audiovisual desde los territorios.

—Bernardo, desde tu experiencia, ¿qué buscaste poner en juego y entregar en este Laboratorio de Videoclip?

“Me pasa que muchas veces, cuando uno enseña todas estas cosas, se puede quedar semanas en la teoría y, muchas veces, no hay tiempo o no existe la posibilidad de la práctica. Entonces creo que acá fue un laboratorio invertido, en el que hubo menos teoría, y hubo algo que nunca sucede: estar con la cantante ahí, crear el guión en conjunto, encontrar también los materiales que tenemos y, entre todos, filmar.

Lo que generalmente es un desafío —filmar un videoclip— aquí se volvió una experiencia compartida, porque entre todos teníamos el mismo desafío: generar imágenes en un contexto que muchas veces podríamos decir que es de bajo presupuesto. Y no es que el laboratorio sea de bajo presupuesto, es que generalmente hacer videoclips requiere, creo yo, más creatividad que dinero, o al menos es lo que a mí me ha tocado.

Entonces, creo que lo que puse en juego fue que todos pudieran vivir la misma experiencia y que cada uno pudiera aportar. La mayoría de la gente se fue turnando entre hacer cámara, arte o ayudar en dirección, y que no hubiera una escala tan clara, sino que cada uno pudiera aportar desde distintos lugares.”

—El videoclip cruza música, imagen y narrativa. ¿Qué consideras clave para que logre una identidad propia?

“Creo que lo más difícil de lograr una identidad propia en los videoclips es que, necesitan que la banda esté muy clara con su imagen. Más que uno “encontrársela”, es no creer que uno está copiando algo totalmente extranjero, porque no todo funciona en la traducción.

Hay cosas que son totalmente gringas, hay cosas que, dependiendo de la industria, son totalmente del K-pop, por ejemplo. Entonces, si nosotros traducimos eso tal cual, muchas veces va a quedar como un “hermano pobre” de algo que uno está copiando.

Por eso creo que lo mejor es siempre —o al menos los mejores videos que a mí me gustan— que tengan algo que uno pueda reconocer como chileno: dentro del trap local, del rock local o del indie, pero que uno entienda que es una versión chilena, que uno reconozca también los lugares y todo eso, y que al final no parezca una fotocopia de algo que no existe o de algo que no es propio.”

—¿Qué te llamó más la atención de los procesos creativos que surgieron en el trabajo con los participantes?

Creo que lo que más me gustó de los participantes del taller fue que venían de mundos muy distintos. Algunos conocían los procesos de rodaje y otros no tenían ni idea; había gente que venía de la música, del arte, de la publicidad, y también personas que venían de estudiar cine o audiovisual.

Creo que lo mejor fue que la mayoría pudo aportar al guion y a las decisiones estéticas del videoclip. Intentamos que nadie se sintiera aislado y que, si bien es muy difícil recoger todas las ideas, lo que logramos fue hacer un guion colectivo, un plan colectivo, donde cada uno pudiera participar al menos en todos los ámbitos.

Y lo más entretenido es que, generalmente, lo difícil de hacer estos videos es que este proceso yo lo hago en un mes y medio, y en este taller lo hicimos en tres días. Entonces, igual era una locura lograr hacer un videoclip en ese tiempo, y las imágenes que conseguimos a mí, en lo personal, me encantaron.”

—¿Cómo dialoga hoy el videoclip con las nuevas formas de consumo audiovisual y las plataformas digitales?

“El videoclip pasó de ser una herramienta publicitaria televisiva a ocupar ahora el lugar de YouTube. Sigue siendo una herramienta publicitaria para los cantantes, pero eso no quita que muchas veces también sea una herramienta artística; no siempre es solo publicitaria. A veces hay gente que llega por un videoclip, entra por el concepto o por el mundo que abarca ese artista a través de sus videos y de su visualidad.

Entonces, hay formas y formas. Hay casos en que el videoclip se transforma en una publicidad más clásica, y otros en que es tan potente que expande el universo de la canción y el universo del artista, convirtiéndose también en un espacio de experimentación. Me encantaría que todos los videos fueran así, pero no siempre pasa, y creo que también es parte del mundo de algunos músicos: hay músicos que quieren que sea así y a otros, simplemente, no les interesa.”

—Pensando en creadoras y creadores emergentes, y viniendo tú desde región, ¿qué consejo darías a quienes quieren explorar el videoclip como lenguaje creativo y profesional?

“Creo que el consejo que más podría repetir es que no hay que creer que este es un camino gigante donde primero hay que descubrir cuál es tu gusto y después destruir ese gusto. Creo que lo más importante, quizás, es no copiar un video, sino intentar entender de dónde viene esa música, cómo se asocia a lo que uno tiene, y luego transformarlo en algo nuevo, que es lo más difícil. No hay nada más complejo, sobre todo cuando hay tanto material, cuando hay tanto filmado y tantos videos que se estrenan a diario, que encontrar algo nuevo dentro de todo eso.”

—¿Qué te pareció esta iniciativa impulsada desde la región?

“Me encantó. Creo que el equipo que se formó fue increíble. Sentí que, de alguna forma, hasta el último día todos querían participar: todos escribían, todos estaban muy dispuestos a seguir y seguir, y eso lo encontré realmente notable. Me gustó mucho también el equipo que armó esto; había un cariño detrás, una preocupación por cada detalle. Creo que habría que preguntarle a quienes participaron, pero a mí, sinceramente, me encantó.”

*Entrevista realizada por Susana Barrientos, periodista de Valparaíso Creativo.

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