Entrevista especial a Agustín Squella sobre los deberes culturales del Estado: «la nueva Constitución irá mucho más lejos»

Por: Valentinne Rudolphy

En el marco de un país que está atravesando procesos que transformarán nuestra sociedad, es importante preguntarse qué se está gestando en términos de cultura, patrimonio en los actuales albores de la nueva Constitución.

Para poder indagar en esto, entrevistamos al jurista, periodista y actual constituyente Agustín Squella, quien representa al Distrito 7 que compete a la región y se ha visto históricamente involucrado tanto en la observación crítica de la ciudadanía, como en hitos clave de la cultura en Valparaíso, y así profundizar un poco más sobre su mirada de la situación actual y de qué cambios se vislumbran para la nueva Constitución.

-Usted fue parte de todo el proceso previo a la instauración de Valparaíso como ciudad cultural. Ya a varios años de esto ¿qué impresión tiene? ¿En qué aspectos cree que se ha avanzado, y en qué queda trabajo aún?

– A raíz de que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes – antecedente del actual Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio -, tuvo su sede nacional en Valparaíso, se dijo que por ello, nuestra ciudad pasaba a ser la capital cultural del país. Pero para llegar a ser una auténtica “ciudad cultural” se requiere algo más que eso. Un importante, sostenido y estable desarrollo cultural en cuanto a creación, producción y difusión de las artes, y cuidado, incremento y goce del patrimonio cultural, algo que en Valparaíso no ha ocurrido. Así, por ejemplo, todavía estamos al debe en cuanto a cumplimiento de los deberes que nos impuso la condición de patrimonio cultural de la humanidad, deberes que son del Estado de Chile y no solo de la ciudad. Como dice Allan Browne, Valparaíso es una ciudad musa, no museo, y lo que uno se pregunta es cuánto está inspirándonos realmente en la hora presente.

-¿ cuáles ve como elementos clave para continuar el trabajo cultural, tanto en Valparaíso como en la Región.

-“Cultura” es una palabra con múltiples significados, algunos más amplios y otros más restringidos. Si continuamos utilizándola en el sentido restringido ya señalado –artes y patrimonio- es mucho lo que aún falta por hacer.

En Chile, y en particular en Valparaíso, tenemos institucionalidad cultural pública –nada menos que un ministerio-, pero la Constitución vigente fue muy mezquina en cuanto a derechos culturales de las personas y muy parca en lo relativo a deberes del Estado con la cultura y el desarrollo de esta de manera equitativa y armónica en todo el territorio nacional. A esa institucionalidad cultural pública se han ido sumando muchas iniciativas privadas que también deberían ser alentadas por la nueva Constitución. A mí me impresiona, por ejemplo, lo que está haciendo el Ministerio en cuanto a rescate y difusión de música popular porteña.

 

-En su actual rol como constituyente ha hecho hincapié en la necesidad de que el Estado se haga cargo de sus deberes culturales. Hasta ahora, ¿cree que se ha podido avanzar en esta discusión? 

-La nueva Constitución irá más lejos que la actual en esa doble dirección: derechos culturales de las personas y deberes culturales del Estado. Por ahora el tema ha sido conversado muy en general por algunos constituyentes más sensibles a los temas culturales y ya llegará el momento de tratarlo en toda su profundidad y extensión cuando se discuta el capítulo de derechos fundamentales.

-¿Cuál sería, en su visión, la piedra inicial para el cambio que necesitamos en la relación Estado-cultura? Y, ¿de qué manera son importantes las audiencias en la participación de dicho proceso? 

-Ese camino inicial lo va a marcar el nuevo texto constitucional, pero luego tendrán que recorrerlo y completarlos las políticas públicas de los gobiernos, las leyes del Congreso Nacional, las resoluciones y servicios de la administración del Estado, y la sociedad civil. Las personas formamos algo más que audiencias culturales, es decir, receptoras de bienes culturales. También somos creadores de bienes culturales. En Valparaíso necesitamos saber más de nosotros mismos, tanto del pasado como del presente, puesto que solo así podremos tomar el rumbo de cara al futuro. O los rumbos, porque nada es solo singular. La biografía de Valparaíso es antes la de una ciudad comercial que cultural y no tenemos que avergonzarnos por ello. El problema es que el inmovilismo portuario y la decadencia comercial han tenido efectos negativos en el desarrollo cultural de la zona.

 

-¿Podría comentar las obras o expresiones culturales que más le hayan llamado la atención? 

-Puerto de Ideas, que cumplió ya 10 años, es la iniciativa cultural que más me ha llamado la atención en los últimos años, pero también me sorprende que no todos los agentes culturales de la ciudad se vean igualmente comprometidos con ella, viéndola como ajena, no como propia, casi como una intromisión en nuestras rutinas de fines de cada primavera, en circunstancias de que todos los notables invitados que llegan aquí lo hacen ante todo por Valparaíso, no por Chile. Es Valparaíso lo que conocen o quieren conocer, no Santiago, y tenemos que aprovechar ese hálito mar afuera que despide nuestra ciudad y que la hace conocida  y querida en todo el mundo.