Pesca sustentable en movimiento: el aporte de Tres Peces y Cocinamar

Entrevistamos a Meyling Tang, quien lidera la Fundación Cocinamar y es parte del equipo fundador de Tres Peces Valparaíso. Desde estas instancias, promueven el consumo de pesca responsable, con impacto local y nacional.

– ¿Nos puedes contar sobre el trabajo que han ido desarrollando, cómo nace esta relación con la promoción de la pesca sustentable?

– Desde Valparaíso con Cocinamar trabajamos 4 profesionales, junto a pescadores de todo Chile. Desde el 2014 existimos el 2016 ya nos formalizamos. Se trata de una red de emprendedores que trabajan con pesca sustentable, hombres y mujeres, que se ha construido identificando cómo reducir a la menor cantidad de intermediarios una compra, o comida. Desde acá forjamos una red de cocineros, desde donde nos conocemos con Cristian Gómez y la Paula Baez y comenzamos Tres Peces, con este concepto muy presente en nuestro funcionamiento.

– ¿Cómo ves el impacto de la pesca sustentable?

– A través del restaurant vemos el impacto, que ha sido súper potente para Cocinamar, porque nos permite poder mostrar que hay pescadores con productos increíbles y que la gente los pruebe. A veces la logística es difícil, pero cuando llegan los productos son maravillosos. 

En este sentido, Tres Peces nos dio una bajada del trabajo en torno a la pesca sustentable en gastronomía. Podemos exhibirlos de mejor manera.

– ¿Cómo funcionan usualmente, cómo se ha visto este funcionamiento afectado por la pandemia?

– Tenemos distintos proveedores por producto. Cuando tienen stock o vienen nos avisan y según eso incluimos el pescado en la carta. 

Han sido seis meses muy difíciles, pero nos hemos reconvertido con el despacho a domicilio en Valparaíso, Viña del Mar y Recreo, además de que implementamos la venta de pescados y mariscos. Seguimos trabajando con los mismos pescadores locales, incluidos aquellos de Juan Fernández .

– Durante estos años han ganado reconocimiento y un espacio en la gastronomía local. Eso se demuestra hoy al mantener el delivery, ¿cuáles han sido sus transformaciones en el último tiempo?

– La búsqueda de productos nuevos distintos sigue, lo que desde el día uno hemos promovido. Durante 2 años debemos haber tenido más de 60.000 clientes, siempre supimos que debíamos funcionar a precio justo. Recientemente (en junio) nos cambiamos de casa pero en el mismo barrio, y estamos ahora en Concepción 261, que es a pasos de la ubicación antigua. De esta manera es fácil para quienes nos busquen. Además, ahora agregamos una línea de productos hechos por nosotros mismos, que queremos desarrollar aún más. También hemos ajustado la carta al despacho a domicilio con Tres Peces a tu Casa. 

– ¿Cómo ha sido la relación con los clientes, se ha visto la respuesta al trabajo que han hecho los años anteriores en la crisis actual?

– Hay mucho interés y tenemos clientes fieles que nos siguen. Muchos incluso eran de Santiago, así que tratamos de implementar puntos de venta para ellos. Creo que formamos comunidad, formamos barrio. Y eso es comunidad, que hace que todos quieran seguir disfrutando de esto desde sus casas. 

– ¿Qué podrías agregar finalmente, en torno al objetivo de Tres Peces y Cocinamar?

– Trabajamos con más de 40 proveedores en todo Chile. Creemos que la pesca sustentable debería ser algo normal, no un caso anecdótico con nuestro consumo habitual, así que nos mantendremos en esa lucha.

Descubriendo la Región. Un tesoro escondido en la Quebrada del Ají

Mucho hablamos durante nuestras vidas sobre cosas (o lugares) que realmente conocemos. Eso me sucedía con la Quebrá del Ají, creía que era una localidad más alejada. Resulta que todo el tiempo estuve aquí, junto a ella. Cruzando el puente Boco desde Quillota es que se encuentra aquel lugar donde, como popularmente se conoce, el diablo perdió el poncho.

Fue aquí que encontramos una sorpresa en la punta del cerro, al conocer el terreno desde donde Pedro Narbona desarrolla su ya consolidado proyecto, Narbona Wines.

Septiembre es un mes donde se celebra al vino y con vino. Este es patrimonio nacional, parte de nuestra identidad. Las uvas que trajeron a nuestro territorio son reconocidas a nivel mundial. Fue la tierra que ha proliferado en cuanto a sabores, a cepas y posibilidades. Y hoy la industria vitivinícola está en un momento de creatividad.

De hecho, Pedro Narbona trabajaba en otro rubro antes de encantarse con este mundo. Sus estudios son de agronomía, y se desarrolló en otros ambientes hasta comenzar a descubrir lo vitivinícola y de encontrar este espacio físico que le dio forma.

La Quebrada del Ají como dije, queda cerca de Quillota. El recorrido es breve hasta llegar al punto desde donde se comienza a subir al Fundo el Grillo. Un camino que en invierno puede estar cubierto de barro. Desde ahí se sube hasta lo más alto, pasando por rejas y una calle movediza, hasta llegas a Narbona Wines.

Acá Pedro comenzó a traer barricas y uva, que fue seleccionando especialmente para encontrar los sabores que quería lograr. Así es como ha ido desarrollando su identidad. El terreno es ideal para desarrollar enoturismo, algo en lo que estaba involucrado antes de la cuarentena. Hay mesas dispuestas para degustar, comer y hacer cenas. Además se puede hacer trekking en el cerro. Literalmente, después de este oasis no queda nada más.

La flora es abundante y hay muchos árboles y frutos. Él ha intentado cultivar más frutos, y también tienen limones, entre más especies. Sin duda uno de los animales silvestres que más se ven es el zorro, que aunque no tuvimos la suerte de avistar, son oriundos de estos valles, y le dan el logo a la marca.

Varios eventos se han desarrollado aquí, donde además Pedro Narbona tiene un domo, en el que recibe a veces a los visitantes. Todo es sustentable, hecho con un enfoque amigable con el medioambiente. También así la bodega, que se encuentra más abajo en el terreno. Todo es desigual: estamos en un cerro, en una colina con huecos y vertientes, agua que cae directo acá a alimentar este espacio.

Sin embargo, es por lo mismo que acá es el centro de operaciones, donde guardan la uva, ponen las etiquetas y hacen todo el resto del proceso. Un pequeño espacio donde solía haber una mesa de pool, que hoy es reemplazada por barricas que rodeamos para conocer algunos de los vinos que ahí se hacen.

Al repasar la historia de Narbona Wines, Pedro dio en el clavo con cada paso que dio. Hoy está involucrado en organizaciones gremiales a nivel nacional que impulsan la industria del vino dentro y fuera del país. Viñateros del Aconcagua y MOVI, a través del cual potencian el vino chileno.

Este es un ámbito de la economía que sin duda va en alza, y tiene constantes desafíos sobre cómo exportar y presentarse en el mercado nacional e internacional. Narbona Wines está centrado en el mercado local, es por eso que sus productos se encuentran en puntos específicos, o a través de sus redes personales.

Pedro cuenta que desde que tiene uso de razón, había una copa de vino en la mesa el día domingo, con la familia. Es parte de un rito que nos puede abrir puertas a conocer territorio como este, en la Región de Valparaíso, y hasta el Valle del Itata y más allá. Es un aporte para que la gente se interiorice más en la cultura del vino y en los sabores que los productores nacionales tienen por ofrecer.

Parece un real tesoro inesperado, en medio de un territorio que no se distingue por ser vitivinícola. A través del cual se aprende más de nuestra historia, cultura, y lugares de nuestro país.

Pueden conocer más de Narbona Wines en su página web: https://narbonawines.com/