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Hoy revisamos el perfil de una fotógrafa local: Kika González. Comenzó hace años tomando fotos de manera colaborativa para medios como Siente Valpo. Ahí nos conocimos y desde entonces estudió en Instituto Arcos, y ha experimentado las vueltas de la vida.

«Comencé a fotografiar cuando estaba en 2do medio. Mi papá llegó un día con una cybershot pequeña y me apoderé de ella. La llevaba a todos lados, así que mis primeras fotos fueron a mis amigues y familia», nos cuenta Kika.

 

– ¿Cómo comenzó tu vínculo con la fotografía?

La fotografía siempre tuvo un lugar especial en mi familia. Recuerdo ver más álbumes de fotos que libros en los estantes.
Durante mi infancia me cambié mucho de casa y ciudad, cada vez que teníamos que embalar regalábamos o nos deshacíamos de muchas cosas, pero los álbumes de fotos siempre fueron un pequeño tesoro que podía (y debía) rescatar.

-El 2011 comencé a fotografiar las manifestaciones estudiantiles en Valparaíso y fue cuando decidí conseguir mi primera réflex. La compré usada a un amigo quien me enseñó a manejarla. Desde entonces fotografiar se ha vuelto un ejercicio constante en mi vida.

 

– ¿Qué es lo que te interesa narrar a través de tu fotografía?

-Creo que mi narrativa ha ido evolucionando, pero aún no ha terminado de desarrollarse completamente. En un principio todo tenía mucho que ver con la atmósfera: mis primeras fotografías fueron en manifestaciones y tocatas, eran momentos de emociones muy fuertes que necesitaba registrar, reafirmar que estuve ahí.

«Ahora trato de salir del centro de la experiencia. Dejó de ser tanto sobre mi y comencé a enfocarme en la voz del otre, conectar con el momento que estoy fotografiando y el cómo lo percibo».

-(…) Trato de capturar la espontaneidad de esos instantes. Me gusta generar la confianza suficiente para que se sientan segures de actuar con naturalidad frente a la cámara. Escuchar y conocer, ser un medio por el cual poder expresarnos juntes.

– ¿Cómo ha sido para ti la experiencia de trabajar con fotografía?

-La mayor parte de mi experiencia trabajando como fotógrafa ha sido bajo la etiqueta del freelance, lo que es difícil por varias razones. Una de ellas, y con la que sigo batallando, es cómo valorar mi trabajo. Hay muchas cosas que no te enseñan y que solo aprendes cometiendo errores.

-No se si en algún momento ser fotógrafe fue una carrera con expectativa laboral, actualmente es un rubro muy precarizado. Cuando hablo de esto, lo hago pensando en el fotoperiodismo, que fue en el área de la fotografía en la que esperaba desarrollarme como profesional. La mayor parte de los gráficos trabajan subcontratados a través de agencias, por lo que entre mis años de estudio y práctica profesional me terminé alejando de esa idea.

«Afortunadamente se han abierto muchos espacios de trabajo y colaboración que me han enseñado otras formas de hacer. Instagram ha sido una herramienta importantísima para conocer el trabajo de otres y encontrarle sentido a seguir intentando aunque todo parezca en contra».

– ¿Cuál es tu opinión sobre el rubro de la fotografía, la difusión, los espacios?

No se si espero algo de los espacios culturales que ya tienen los recursos y los medios para hacer del arte un medio para subsistir pero sí me gustaría que dejaran de ser círculos cerrados donde los contactos valen más que cualquier otra cosa.

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