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«El dibujo ha sido mi lugar seguro, un refugio»: entrevista a El Cometa Ludo

Por: Val Rudolphy | Fotografías de: Rodolfo Muñoz para Valparaíso Creativo.

 

Viene desde Punta Arenas, pero lleva varios años habitando la Región. Entre Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y hasta su actual Putaendo, Rodrigo Urzúa (El Cometa Ludo) hace ilustración y resistencia desde este rincón del Valle del Aconcagua.

Desde chico se vinculó al diseño gráfico a través de la autogestión. Y hoy busca dedicarse solo a su trabajo autoral. En una visita diaria que hicimos hacia esta zona, nos reunimos para conocer más de su quehacer, qué le apasiona y cómo es la vida del Valle.

 

-¿Qué es lo que más te gusta de Putaendo?

-Tiene una mística bien especial. Como que el tiempo se hubiera detenido, donde el trato es muy de palabra y buena onda. Hay una gran riqueza cultural y patrimonial, una tradición viva en el caso de los poetas populares, los bailes chinos, su gastronomía.

El entorno natural nos entrega una tranquilidad especial, lo que me ha servido para poder desenvolverme. Como una especie de cobijo entre las montañas, el valle. También me llama la atención la resistencia que tiene Putaendo, lo que se reconoce en otras partes.

 

– Es un tema importante y hay un gran movimiento en torno a eso…

La gente reconoce la amenaza que es la minera. Hay algo como identitario en las ganas de preservar este lugar. Su comercio local y tradiciones, y eso tiene que ver con cómo la gente quiere su territorio.

Hay mucha gente bella de la que uno puede aprender mucho. Es un lugar muy especial.

-Desde tu trabajo te relacionas mucho con el activismo medioambiental, vinculándote con la zona igual.

-Creo que estar en Putaendo me trajo de vuelta a esas prácticas. Comencé haciendo activismo de chico y creo que sí se puede hacer una fuerza colectiva potente los temas se vuelven importantes. Desde mi área creo que tengo que participar de alguna forma. Así que pretendo involucrarme todo lo que pueda desde el arte.

 

– ¿Cómo llegaste a tu oficio? ¿Cómo surge esa relación?

– Es una relación antigua, algo que no pude evitar, es lo único que puedo hacer. Siempre estuve ligado al arte, tuve la suerte de crecer en un ambiente rodeado de libros, de música, y nunca pude encajar bien en la estructura rígida del colegio. El dibujo fue parte de sentirme en un lugar seguro, como un refugio.

En mi adolescencia me vinculé al anarquismo y eso fue una buena escuela, porque no había medios, menos en Punta Arenas. Entonces a los 14 o 15 organizamos conversatorios, tocatas, fanzines y revistas. Era por las puras ganas, y me quedó esa enseñanza de que la autogestión es el único método con el que uno decía lo que quiere decir.

Eventualmente me relacioné al arte pero desde la música, o en círculos literarios, haciendo teatro. Luego empecé a hacer libros y a través de eso retomé el tema del dibujo. Comencé a hacer lo que me hacía feliz cuando yo era chico, y me di cuenta que lo que yo buscaba (transmitir un mensaje), daba una vuelta completa a través del signo.

Escribía poemas y esas eran palabras que no llegaban a nadie, y en algún momento encontré eso con el dibujo y extrañamente produce algo muy especial. El símbolo gráfico genera una identificación muy específica que hace que ese mensaje se amplíe y resuene. Es como que estuviera haciendo magia.

 

-¿Cómo es tu proceso de creación?

– Creo que el principal esfuerzo es encontrar una idea buena, pensando en las formas de llegar a la idea que quiero. Ideas que andan volando por ahí y uno las tiene que encontrar.  Gran parte del proceso es pasarse el tiempo pensando o con gente o en el cotidiano, y cuando esa idea aparece, ese dibujo, lo imagino y las cosas se hacen solitas, solo debo sentarme a ver cómo es.

Al empezar me siento en un terreno firme, y no paro hasta que siento que está completo. Siento que estoy un poco al servicio de eso, solo sucede, como que el arte es una especie de traducción de ideas que ya están.

-¿En qué estás actualmente?

-En un momento en que me doy cuenta de que debo cambiar un poco mi estrategia si es que quiero vivir de esto. Ahora estoy mejorando mi página web para poder vender de esa manera. Quiero sacar una línea de productos y poder dedicarme a crear. Libros que me gustaría publicar, y más.

Siento que el camino que he recorrido me ha ido mostrando que es el correcto, y que debo seguir.

 

– ¿Qué creadores locales nos puedes recomendar?

– Un referente es Saúl Schkolnik, que él no es originario de acá pero vivió cerca a Rinconada, uno de los autores de literatura infantil más prolíficos de Sudamérica. Tuve la suerte de conocerlo unos meses antes de que muriera, a modo de aprendiz. Me dio la fuerza para dedicarme a volver a escribir, sobre todo pensando en la infancia que es un segmento que me interesa mucho. O Sara Olguín, mujer poderosa de aquí con quien también colaboramos.

Tengo un trabajo pendiente también con dos amigos del Valle, Pablo Delcielo y Günen, de quienes confío mucho en su talento. Con ellos planeamos hacer un libro.

Profesionalizando la cerveza artesanal desde la Región: conoce a BrewDesign

Conversamos con Ricardo Solís, Ingeniero en Alimentos de la PUCV. Llegamos a él debido a su trabajo en BrewDesign, una innovadora propuesta que aporta a la especialización en torno a la cervecería artesanal en Chile. Se trata de una pre-academia con cursos que preparan a futuros jueces y maestros cerveceros a nivel internacional, y todo en línea. ¿Cómo surgió esta idea? 

 

– Ricardo, ¿de qué manera llegaste a formar lo que hoy es BrewDesign?

Hacia la parte final de mi carrera tuve unos ramos vinculados a la microbiología de los alimentos. En esos ramos comenzamos a hacer todo tipo de alimentos fermentados, incluyendo la cerveza, donde me fui dando cuenta de que había todo un mundo en torno a la cerveza artesanal y quería aprenderlo. Ese interés me llevó a Inglaterra, buscando conocer más del proceso.

 

– Ahí nace tu “interés” por la cerveza, ¿y luego eso dónde te llevó?

– Después de titularme el 2002, estudié un Diplomado de Practical British Brewing en Inglaterra en el 2004. Esto me llevó a que en mi retorno a Chile comenzara a hacer un par de marcas de cerveza, como Cerro Alegre el 2005 y Cerveza de Autor el 2007. Ambas estuvieron funcionando hasta el 2015, y ese año me hice cargo del Instituto de Cerveza de América. Continué desarrollando ese interés en mi profesión.

– ¿En qué consiste BrewDesign?

– Nació el 2012, con el propósito de apoyar a nuevas cervecerías, mientras iba creciendo el interés por este rubro en Chile. Principalmente nace como consultora, para poder guiar la obtención del equipamiento, capacitar a un maestro cervecero, entre otras cosas que podría necesitar una nueva cervecería. Ese año logré instalar cervecerías en todo Chile desde Iquique hasta Puerto Natales. Luego agregué el dictar los cursos para preparar certificaciones internacionales de cerveza. Básicamente, preparo a la gente para que rinda exámenes con instituciones internacionales de certificación: como el IBD de Inglaterra, y el BJCP en Estados Unidos.

 

– ¿Quienes componen este equipo que tienes hoy?

– Somos tres personas la verdad. Trabajo con una agencia de medios, otra de informática, y con ellos formamos un área de marketing, otra de contenidos y otra informática. Así funciona BrewDesign.

 

– ¿Existen otro tipo de instancias así en Chile o el mundo?

– Me atrevería a decir que fui pionero en esto, tal como lo fui en aprender más y capacitarme en el área cervecera en su momento. No existen estas preparaciones para certificaciones en línea en español, por ejemplo.

Se debe coordinar con los institutos internacionales, esta es una especie de “preuniversitario del maestro/juez cervecero”. Por eso es que hoy yo trabajo con dos cursos, primero con el IBD y luego el BJCP (para jueces). Estos involucran una parte más práctica, y yo entrego el conocimiento teórico, por así decirlo.

 

– ¿Es un trabajo colaborativo, de algún modo?

– Se trata de alianzas con ambos cursos, para coordinar las catas, por ejemplo, en cada caso. El curso de IBD es nuevo en español, poder preparar a los postulantes en su propio idioma abre nuevas oportunidades para la cervecería en Latinoamérica, y eso a través de BrewDesign. 

En cuanto al otro curso, BJCP, este es más antiguo y lo he dictado de manera presencial desde el 2014 en distintos países: Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica, Ecuador, entre otros. Es muy demandado. Existe una articulación previa entre los institutos internacionales y yo para poder abrir esta posibilidad en español.

 

– ¿Cómo ha sido la recepción e interés en estos cursos en línea?

– Ha sido muy gratificante ver el interés que ha generado, para mí es una oportunidad de aportar en conocimiento y profesionalización del rubro, que es a lo que apuntan las certificaciones. Esto repercute en que se generen mejores productos y ha sido sorprendente para mi que llevo varios años en la industria. 

Y bien, sin duda este año me he dado cuenta de que el cervecero en este tiempo se ha dedicado a estudiar. La demanda de los cursos ha sido bastante.

 

– ¿De qué manera se ve el aporte de estas certificaciones que ayudar a guiar y preparar en la producción local, por ejemplo?

– Muchas cervecerías en Chile y Latinoamérica comenzaron siendo autodidactas, esto fue una tendencia de la cerveza artesanal a nivel mundial, lo que no es malo. Pero primero se hace la cerveza, y luego se dan cuenta de qué se puede mejorar en cuanto a calidad y otros ítems del proceso de fermentación. Toma más años llegar a tu producto final si no estudias antes, pero si lo haces, puedes ir más certeramente al producto que estás buscando. Finalmente todos terminan estudiando igual. Poder aportar en ese proceso se me hace extremadamente valioso.

Entrevista a Gladys González: gestión cultural desde la literatura con enfoque de género

Desde tu experiencia como gestora cultural, ¿cómo ha sido cambiar instancias como la Feria del Libro Independiente de Valparaíso a la virtualidad?

Hacer el cambio de formato no es tan sencillo, porque generar programación virtual implica tener un financiamiento que se equipare al trabajo que se realiza, para contar con buenas transmisiones, o algo que se encargue de los contactos. Recae en un equipo muy pequeño, somos tres personas que hacemos todo ese trabajo.

Dentro de nuestras posibilidades y recursos, después del trabajo formal, ha funcionado bastante bien. Tenemos apoyo del Plan Regional que es muy importante para estas instancias, desde donde queremos generar empleabilidad, y la razón por la que nos adaptamos a la virtualidad, quisimos considerar a los cuenta cuentos, quienes están afectados por esta situación. Así hemos podido enfocarnos en su trabajo en darles honorarios.

El trabajo presencial genera relaciones, una dinámica afectiva que es mucho mejor. 

Vamos a hacer ahora en noviembre, el 14 y 15 un Festival de Literatura Infantil JONI, esta es la tercera versión. El año pasado no la pudimos hacer debido a la revuelta popular. Y el 21 y 22 haremos una feria del Libro Ilustración y Gráfica con enfoque de género, que se harán con el Plan Regional de Lectura y el PCdV, que contacta a actores nacionales para combatir el desempleo.

Y en diciembre vamos a hacer otro versión de la Feria Int del Libro de Valparaíso, e iba a ser invitado Ecuador, pero lo enfocaremos de manera interregional, que es una propuesta nueva que se mantendrá después de la pandemia. Trabajaremos en tres días de transmisión y presentaciones, coloquios y exposición de distintos programas y proyectos con la Región de Los Ríos. Hay literatura infantil, investigación de documentos de dictadura, revistas literarias, y marcará líneas de trabajo del trabajo. 

 

¿Cuáles son las actividades que impulsas desde la Red Feminista del Libro y cómo se ha desarrollado esa misma red?

La Red la empezamos a proyectar el 2016, y desde ahí hemos ido trabajando, primero desde una orgánica interna y analizar lo que se quería realizar. Estamos realizando planes de proyectos que van a algunos a 4 o 10 años. Lo que ahora estamos haciendo con la Bancada Feminista Julieta Kirckwood y Carolina Marchant, es que estamos haciendo un protocolo para disidencias, y personas con dificultad motora. Así se tendrá en los ejes programático enfoque de género, que haya una preocupación porque en estos espacios estén las plataformas para personas con discapacidad funcional, libros braile, lengua de seña y más. 

También estamos haciendo talleres en relación a habilidades y competencias lingüísticas. Hay uno para presentar proyectos editoriales, u otro con estrategias comunicativas, donde una periodista en dos sesiones explica cómo hacer comunicados de prensa, o talleres de diseño que seguirán los talleres gratuitos hasta 1er semestre del 2021. 

 

En cuanto a tu trabajo como editora en Libros del Cardo, sé que este año se han adaptado al contexto de pandemia a través de envíos, por ejemplo, con un chico motor boy que hace los repartos. ¿Podrías profundizar en los desafíos y oportunidades que desde aquí han surgido?

En términos de ventas, hemos aumentado la cantidad de libros que se han vendido, y es porque trabajamos con LaKomuna, y ellos han promocionado bastante y distribuyen a lo largo de todo Chile. En Valparaíso trabajamos con quien hace despacho en la Feria, y en Stgo también con otra persona, quienes son nuestros contactos de la red, que hace despacho.

Sacamos este año una colección de grandes autores y autoras para la infancia. Tenemos una colección de Virginia Wolff para niños, o de autoras, estamos sacando otro libro para niñas con una primera traducción y un trabajo de archivo desde el área de la literatura infantil y juvenil, que ha permitido mantener la colección. Nos permite volver a imprimir. 

Por otra parte están las compras anuales del Estado y de Bibliotecas Públicas del Estado, que compran libros por el alza en la lectura de libros digitales. Y eso nos ayudó bastante. 

 

¿Cuál es tu visión de la gestión cultural en Valparaíso?

Hay muchos buenos proyectos que en el tiempo se han mantenido, y creo que esa sistematicidad ha permitido instalar a Valparaíso como un espacio bien diverso en el área de las artes. Sí creo que falta un poco más de apoyo y profesionalización para la postulación de Fondos, por ejemplo, y también un poco más de colaboración interdisciplinaria, creo que eso es esencial, poder hacer un trabajo transdisciplinario, de esa manera los proyectos van tomando otros públicos y generando otras audiencias. Sería bueno salir del propio nicho para poder ir desarrollando actividades en conjunto.

Sí me parece que es un espacio bastante masculinizado, lo que hace que las gestoras culturales tengan una doble carga de trabajo, hay una especie de idea de que no se puede con las mujeres. Hay que tener doble perseverancia. Tiene que ver con la idiosincrasia y la migración interna de la ciudad, y también es sintomático porque refleja una cultura que desconoce el valor del trabajo feminizado, y en literatura se refleja en que hayan más autores en las mallas, o que los fondos de cultura los ganen más hombres. Y tiene que ver con una cosa estructural, entonces por ejemplo desde la Red trabajamos desde varias aristas que promueven entender por qué es importante que las minorías participen, y generar instancias que impliquen el afecto en centros culturales, trabajar con la comunidad y las representaciones. Y no sólo en la literatura.

El trabajo de gestión cultural se ha extendido más internacionalmente, y voy a varias ferias del libro y presentar mi propio catálogo en el extranjero. Lo que me ha hecho conocer a gente que se va motivando con los proyectos y eso es bonito de ver, cómo se replican los proyectos fuera, y se generan otras sinergias, o incluyen a otras personas, lejos de las capitales.

 

¿Y la colaboración, el trabajo en redes, cómo se da en tu caso?

En el caso de la Red Feminista, estamos presentes en 8 regiones, y desde cada una se van generando nuevas actividades. En Coquimbo se hizo una primera feria virtual, por ejemplo,y eso es todo un esfuerzo mancomunado de la Red. Hay gente de distintos lugares y ha sido un trabajo de aprendizaje mutuo, pues aprendemos las formas y experiencias de manera que nos vamos retroalimentando.

Trabajamos en redarquía, que tiene que ver con la horizontalidad, aprendizaje mutuo y valoración, pues trabajamos con organizaciones sin que haya un organigrama clásico, cada quien trabaja según lo que pueda aportar. Y si hay un compromiso bastante férreo en llevar a cabo las comisiones, que tienen dos ejes desde que se los trabaja completamente. 

Este año es el tema del protocolo, y también trabajar en pos un proyecto de ley de paridad de género en la educación chilena. Cada región lo va haciendo al tiempo, en el tiempo en que se generan nuevos lazos, y después en asamblea se conversa. Entonces no nos preocupamos tanto en publicitar, pues me parece que es un error de muchas organizaciones feministas. Primero vamos a desarrollar el trabajo, y cuando se trabajen más cosas e instancias, se hará la promoción. Hay que trabajar en los lazos interregionales para que pueda mantenerse. 

¿Qué es lo que ahora se viene y nos puedes contar?

Estamos trabajando una escuela de escritura creativa, que es un proyecto que tiene relación con la red porque muchas hacemos talleres de literatura como parte de la economía doméstica, entonces hace dos años surgió esta idea. Con un sello regional, donde escritores y escritoras de aquí, a propósito de la misma feria, puedan mostrar su trabajo hacia afuera, formar jóvenes, entonces es importante ese foco: infantil, tercera edad, juvenil. Es un proyecto que pasará el tiempo para que se fortalezca, pero comenzaremos con talleres gratuitos de dos a tres sesiones para ir viendo cómo podemos trabajar, poder observar la recepción de las personas, y hasta ahora ha sido bastante positiva. Y tenemos la idea de generar residencias de escritoras de renombre internacional que puedan trabajar con personas de la región, lo que abre caminos literarios, por lo que estamos trabajando en esos nexos y el financiamiento, con profes de la NYU, de Houston, de IOWA, donde tienen master de literatura creativa, queremos darle herramientas a las personas para que puedan desenvolverse en estos espacios, lo que en regiones es difícil de obtener. Siempre pensando en la formación.

Vamos a empezar. Estamos en una marcha blanca lenta. Pero segura. Si no es en diciembre, empezaremos el próximo año, la idea es que sea un aporte con buena estructura.

Telón de mil colores: Democratizando la cultura

Fairuz Chahub dirige el Telón de Mil Colores, un colectivo que desde Quillota están democratizando la cultura en la Región de Valparaíso. Desde hace tres años que están formalmente en funcionamiento, con un equipo base de cuatro mujeres que buscan abrir espacios que no habían sido tomados en cuenta.

En conversación telefónica con Fairuz, quien contesta entusiasta al hablar de la iniciativa que lidera – comenta que todo empezó como parte de un programa de rehabilitación de personas con esquizofrenia. Dentro de este contexto, se le ocurrió que sería interesante incorporar actividades artísticas como una línea más de trabajo con estas personas. 

“Quería quitar el estigma que se tiene de las personas con esquizofrenia. Queríamos darle a ellos, los participantes, el rol de artistas, hacer montajes de calidad y encuentros y festivales, transformarnos en una compañía de teatro”, cuenta Fairuz.

Fue trabajando en este contexto que junto al equipo, identificaron la falta de espacios culturales inclusivos – o como a ella le gusta mencionar, diversos – para personas con otras capacidades. Las dificultades que existían para ver una obra, o ser parte de una banda, lo que fuese. La cultura no es sólo para algunos, por lo que “nos pareció importante democratizar la cultura para construir comunidad, y generar un nosotros y no los otros”. 

Vivimos llenos de separaciones, y nosotras queremos construir puentes donde hay muros”, afirma.

 

¿Cuál es el impulso que moviliza este proyecto?

– Todo lo que nos separa, queremos reemplazarlo por un puente, para poder encontrarnos y dialogar. Y eso, a través del derecho al ocio y la cultura, que debería ser democrático pero es muy elitista. Lo reducimos a ciertos espacios y para algunas personas. 

 

¿Quiénes participan o pueden participar del Telón?

– Abrimos este colectivo de actores con esquizofrenia a quienes quisieran sumarse. Hay personas diversas, con capacidades diferentes, y nos importa llegar a ellos. Sordas, extranjeros, hombres, niños, por decir ejemplo de quienes integran nuestro colectivo

 

¿Cómo funcionan, en estos tres años cómo ha sido ese camino?

– Bueno, el día a día nos va mostrando el camino. Vamos viendo qué necesidad hay y cómo suplirla. Por ejemplo, necesitábamos a alguien que tradujera en lengua de señas para nuestras funciones, lo que nos llevó a promover y enseñar a través de cursos a lengua de señas, además de tener un intérprete.

Cada paso es según cómo queremos ir llegando a la gente y siempre diversificando los formatos, para que más personas puedan llegar a nosotros.

 

¿Qué es el Telón de Mil Colores?

– Nosotras hacemos y creemos en la comunidad, arte, cultura, identidad y patrimonio. Trabajamos lo que se ha marginado de nuestra sociedad, por decirlo de algún modo. Partimos haciendo teatro con personas con esquizofrenia, y fuimos integrando gente, pues queremos acomodar nuestras actividades para todo público, apelando a la accesibilidad. Todo lo que pudiera ser distinto, lo juntamos y pretendemos llevar la cultura a espacios poco tradicionales y renovar tanto audiencias como actores de las artes y culturas. 

 

¿Cuáles son sus actividades además del teatro?

– Tenemos diferentes líneas.Nuestros haceres son teatro comunitario, trabajo con pueblos originarios, celebramos el Año Nuevo Mapuche. Hacemos mediación lectora con cuenta cuentos y susurradores, talleres de apreciación musical, plazas de bolsillos., conciertos, itinerancia. Hasta tangoterapia, por mencionar algunas de nuestras actividades.

 

Todo es muy físico y requiere de presencialidad, ¿cómo han llevado eso durante este 2020?

– En este momento, buscamos nuevas modalidades para este trabajo tan directo de persona a persona que se ha visto afectado por la cuarentena. Pero por ejemplo, hicimos una muestra fotográfica virtual. Estamos pensando en cómo avanzar, pues el no poder juntarnos nos ha afectado.

 

¿Son 4 personas en el equipo, pero hay mucha gente más trabajando con ustedes?

– Para cada actividad tenemos un equipo de colaboradores, como el director de orquesta Daniel Nehuil, quien es el Director de Orquesta de la U. Católica de Santiago y colabora con nosotras. Para cada instancia tenemos un equipo de colaboradores con quienes hacemos la familia de los teloneros.. Afortunadamente todos compartimos la misma visión de cultura detrás del proyecto.

 

¿Cuál es su propósito?

– Buscamos públicos que han estado privados de algunas formas de cultura y generamos los espacios para poder adaptar metodologías y trabajar con la diversidad. Buscamos personas con diversidad funcional, cognitiva, movilidad reducida, pues nos parece que lo que embellece el mundo es poder abrirnos y queremos a quienes tengan ganas de participar, no seleccionar. 

 

¿De qué manera financian su quehacer?

– Nos cuesta mucho, porque no tenemos financiamiento formal. Hemos presentado proyectos, pero no siempre resultan como una quiere. Pero nos esforzamos en buscar las puertas que se abren. Además de los fondos, nos financiamos a través de donaciones culturales, lo que nos permite cubrir parte de los gastos. Por otra parte, hemos logrado conseguir auspicios importantes, de gente que nos apoya constantemente.

La Municipalidad de Quillota siempre ha estado comprometida con nosotras y ha sido generosa, para poder realizar alianza con ellos. También así con el Palacio Rioja, el Centro Cultural acá, el Teatro Municipal de Quilpué, entre otros. Pero el grueso de nuestro financiamiento es gracias a convenios de responsabilidad social empresarial, y al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Ellos por ejemplo permitieron nuestras actividades de verano, donde fuimos a Hijuelas y Ocoa, San Felipe y Petorca, a través de incluirnos en su parrilla de verano sobre el fortalecimiento de la identidad cultural local.

 

¿Qué novedades puedes contarnos?

– Destacar que somos puras mujeres en el equipo gestor, pero es algo que sólo sucedió así. Eso nos ha visibilizado en algunos espacios, por una parte. Actualmente estamos tratando de publicar un libro con la leyenda del Pehuén, unas historias de amor del sol y la luna, y también la historia de amor del copihue que nos gustaría tener en braile, negrita (nuestro abecedario) y más. Revisando nuestras posibilidades.

Nuestro gran tema es que hacemos todo presencial, por lo que estuvimos paradas como dos meses. No te voy a mentir. Pero nos pusimos de pie. El sector de la cultura y turismo, que nos compete, ha estado en crisis. La cultura, a la vez, sostiene un poco a las personas durante la pandemia. Nos lleva a nuestro mismo propósito: la cultura es un derecho humano esencial. Nos enseña a pensar y reflexionar, te encuentra, democratiza y construye sociedades. Pero aún hay grandes brechas que nos hacen pensar que es todo de museo o teatros.

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